9:30 am

Tomate, Pepino, Pimiento, Cebolla…

Ayer preparé gazpacho para la cena que hice en casa por lo de mi cumpleaños. Siempre que preparo gazpacho me acuerdo de esta película y de Italia. Cuando vivía allí, había un chico que me gustaba mucho, Alessandro se llamaba, y al muchacho en cuestión, al cual yo no le gustaba tanto, lo que sí que le volvía loco era Almodóvar, hasta tal punto que se sabía de memoria trozos de Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios en español.

En aquélla época yo no era muy cocinitas, pero vino a visitarme a Pisa mi prima Ana que siempre ha tenido una mano estupenda, así que compré todo lo necesario y nos plantamos donde Alessandro a que Ana hiciera un gazpacho. El muchacho quedó encantado, aunque no por ello me hizo mucho más caso. Lo bueno es que aprendí a hacer gazpacho.

Muchísimas gracias por todas las felicitaciones de ayer. Fue realmente emocionante.

¿La consigna para este fin de semana?: Pásenlo teta.

8:52 am

 

 

 

Si los Jueves como ya saben siempre son días especiales, este de hoy lo es doblemente. No sólo es mi cumpleaños, sino que también es el de mi prima Luisa!!!! Dos fenómenos de la naturaleza que cumplimos años el mismo día. A lo mejor esta coincidencia es la que explica por qué me siento tan unido a ella, aunque yo creo que la unica razón que existe para eso es que Luisa es absolutamente fabulosa.

Muchas felicidades para ti Luisa y para mi también desde aquí.  Ya luego si eso nos hablamos y tal.

Y Uds… ¿¿¿a qué están esperando??? felicítennos!!!!!!!!

Feliz jueves para todos.

9:15 am

Qué Buenas Son…

…Las madres Jesuitinas…

Cuando llega esta época del año, siempre me acuerdo de las fiestas del colegio. Como saben, yo fui a un colegio de monjas, las jesuitinas. De las monjas, haciendo alguna que otra excepción, no guardo un buen recuerdo, de hecho creo que podría decir que los buenos recuerdos que tengo de aquélla época, que son bastantes, los tengo a pesar de ellas, pero lo cierto es que organizábamos muchísimos saraos: el ayuno voluntario (que de voluntario nada de nada), las convivencias, los bailes organizados… pero sin duda lo más grande eran las fiestas del colegio. Ignoro si las siguen celebrando, pero cuando yo era pequeño siempre eran por esta época.

Tal día como hoy por la tarde te daban el pañuelo de las fiestas que era del color que habían elegido los de 3º de BUP y en el que te firmaban todos tus amiguitos, la niña que te gustaba, a la que le gustabas tú y tal y te mandaban al salón de actos al pregón, que también lo hacían los de 3º BUP y consistía básicamente en hacer imitaciones de los profesores. Después te soltaban en la plazuela (de la que ya os hablé el otro día) y ahí te pasabas la tarde, que ponían tenderetes y música y tal.

Al día siguiente había concursos en el patio: el baile de la manzana, la carrera de tres piernas, el de comer madalenas sin añusgarte o la momia, que era al que me apuntaba siempre… vale, reconozco que al de las madalenas también me apuntaba… y a la tarde, los play-back´s a los que también me apuntaba y que siempre me han fascinado.

Cuando estabas en 8º EGB te dejaban la sala que llamaban “usos múltiples” para que organizaras una especie de fiesta a la que llamábamos “la movida” y que no tenía nada que ver con el baile de la rosa, pero que estaba fenomenal porque se hacían concursos de tartas y toda la pesca. Además podías ir a color, o lo que es lo mismo, sin uniforme. Nunca entenderé por qué a ir sin uniforme lo llamábamos así, la verdad… También había una misa que era como la despedida de las de 3º de BUP en la que cantaban la de “quiero madre en tus braaaaazos queriiiiidosss” y todas lloraban porque les daba mucha pena irse del colegio.

Lo mejor sin duda era el colofón final: la falla. Los mayores hacían una especie de falla que era una figura alusiva a cosas del colegio y el sábado por la noche la quemaban en la plazuela. Era muy divertido, te dejaban quedarte hasta super tarde y saltabas el fuego y te echabas unos bailes y de todo. Esto sé seguro que ya no lo hacen, y la verdad es que me dio mucha pena que lo quitaran, pero visto desde la perspectiva de los años era lógico, que la plazuela estaba llena de árboles y allí no había ni bomberos ni nada.

Se preguntarán el motivo de esta revisión del pasado, y deben saber que existe una respuesta, una razón, pero van a tener que esperar hasta mañana para saberlo…. qué me gusta a mi un clifhanger o como se escriba… 

Tengan un buen miércoles.

9:25 am

¿Y Tú Qué Has Hecho Este Puente?

Atlántico, Puerto de Santa María, Zahara de los Atunes, muchas gambas, pollo asado, martini, pacharán rosa, atardeceres, abrazos, películas, piscina, playa, coche, risas, risas, risas…

Este ha sido más o menos mi puente de mayo, que tal y como comentaba ayer Ana, ha sido más bien un acueducto :) Lo malo es que todo acaba, y hoy para reencontrarme con la realidad, estoy de guardia.

De todas maneras y pese a que creo que me estoy poniendo malo, estoy encantado de la vida. Esta semana es una semana importante, permanezcan atentos a sus pantallas….

Disfrútenme del martes, venga.

 

P.S.- la foto se la he robado a Teresa Martel. Soy yo mirando el atardecer desde una casa maravillosa en Zahara de los Atunes.

6:58 am

Libromendación

Existen unos cuantos sentimientos que son el motor del mundo: El amor, el odio, la culpa, la venganza… estos sentimientos a su vez y como no podía ser de otro modo, se han convertido en grandes temas de la literatura de todos los tiempos que los ha tratado con diferentes grados de profundidad y de ornamentación, pero siempre usándolos como el anclaje necesario para que la historia llegue al lector.

Expiación (Ian McEwan), es una novela sobre la culpa. La culpa es algo muy nuestro, nuestra herencia judeo-cristiana hace que, queramos o no, la culpa sea una de las grandes señas de identidad de occidente. En algunas ocasiones la culpa pesa enmascarada, no la percibimos pero está ahí como una amenaza constante que vigila y arbitra nuestros actos. En otras, como en esta novela, la culpa es totalmente consciente, interfiriendo en nuestros sueños y obligándonos a buscar la redención, o como en este caso, la expiación.

Para contar la experiencia de culpa de la protagonista de esta novela, McEwan escribe un relato pleno. Cada vez que cogía el libro para leer un ratito, tenía la impresión de sumergirme en una piscina de estímulos: la calma chicha del verano, la intensa negritud de la guerra o el ajetreo de un hospital en plena ebullición son algunos de los escenarios por los que transita esta historia, llevando al lector a profundizar en ellos con una asombrosa sencillez.

Les recomiendo vivamente esta novela. Puede ser una buena lectura para el verano, o si tienen la misma suerte que yo, que me marcho a la playa en unas horitas, para un largo puente de mayo.

Prometo respirar olor a mar de parte de todos Uds. No sé si les veré el lunes, pero en todo caso, disfruten mucho del fin de semana, sin remordimientos ni nada.

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